Así aprendí a poner orden cuando todo parecía urgente

Uno de los mayores retos que he tenido como programadora ABAP no ha sido el código, sino aprender a gestionar mis tareas. Cuando tienes mil cosas que hacer, gente preguntándome, tareas acumulándose, la sensación es de agobio constante.

El problema no era la carga de trabajo, sino la falta de gestión. Estas son algunas cosas que he ido aprendiendo:

Saber priorizar lo importante

No todo es urgente, aunque lo parezca. El error más común es dejarse llevar por lo último que te piden, quien insiste más o lo que parece rápido. En lugar de eso, ahora me hago 3 preguntas:

  1. ¿Qué tarea tiene la fecha límite más cercana?
  2. ¿Cuál me va a llevar más tiempo y necesita que empiece ya?
  3. ¿Qué pasa si no hago esto hoy?


Con esas respuestas, elijo una sola cosa y empiezo por ahí. El resto va a una lista secundaria, no desaparece, pero deja de competir por mi atención.

Ejemplo: Si tengo un ALV que no muestra datos, una reunión en 5 minutos y un terminar un detalle mínimo en un programa… lo tercero no es lo importante.

Las tareas rápidas como «descansos productivos»

Cuando llevo horas con una tarea pesada, mi cabeza se satura. Y si paro del todo, me da la sensación de que no avanzo.

En lugar de forzar, hago algo distinto. En mi lista de tareas busco algo que sé que se hace en 5 o 10 minutos como contestar un correo pendiente, apuntar algo que no había registrado, revisar una cosita pequeña.

Cuando noto que empiezo a perder el foco, cambio a una de esas. Las hago rápido, las tacho de la lista… y vuelvo a lo importante con la cabeza más fresca. Me ayuda a avanzar sin quedarme atascada.

Cuando te preguntan cómo vas

Uno de los puntos más difíciles es cuando alguien te pregunta: “¿Cómo va esta tarea?” . Sobre todo cuando estás con algo más prioritario. Aquí el cambio clave ha sido aprender a comunicar.

En lugar de agobiarme o intentar hacerlo todo, explico que estoy con otra tarea prioritaria, doy una estimación realista y dejo claro cuándo podré revisarlo

Ejemplo:

“Ahora mismo estoy con X que es prioritario. En cuanto termine, me pongo con ello y te aviso.”

He aprendido a ser honesta sin sentirme mal. Y funciona, la mayoría de la gente lo entiende y reduces esa presión de querer terminar la tarea cuanto antes.

Acepta que no todo tiene que hacerse hoy

Ver una lista larga de tareas puede ser paralizante. Lo que he aprendido es que no necesito hacerlo todo hoy ni ahora. Las cosas se van haciendo poco a poco. Por agobiarte no van a salir antes.

Aprender a priorizar, usar los descansos a mi favor, poner límites a los demás y relativizar la lista infinita…me ha hecho más productiva. Y lo mejor es que me agobio menos y rindo más.